Buenos Aires sonríe, sus hospitales lloran

Hospital Zubizarreta

Nuevamente mi paso por Buenos Aires se mueve entre excursiones turísticas y visitas a los hospitales,  lamentablemente.

De mi boca han salido magnos ramilletes de flores para elogiar a una ciudad inundada de eventos culturales, aún siendo época estival, obras que embellecen a la más porteña de todas para que se luzca frente a los turistas, los ciudadanos que disfrutan de ese “no se qué” de sus calles empedradas, y los que somos un híbrido porque estamos aquí y allí.

Me gusta resaltar las cosas que considero bien hechas, las palmaditas en el lomo son curativas y muy motivadoras, pero cuando se esconde la tierra debajo de la alfombra, me siento en la obligación de comentarlo, por eso quiero hablarle de tú a tú al señor Mauricio Macri, no porque yo piense que vaya a conseguir alguna mejora, sino porque de alguna manera, necesito descargar con palabras constructivas, el insulto que he sentido ayer al tomar contacto, una vez más, con la Sanidad de la Ciudad de Buenos Aires.

Mauricio: quiero llamarte por tu nombre y decirte de vos, porque eso es lo que transmitís en cada una de tus apariciones en los medios, un tipo en el que se puede confiar, con una mirada amigable y seria. Quería decirte que hace doce años que vivo en España, porque Argentina decidió despedirse de mi, cuando no accedí a criarme dentro de su “corralito”, allá por el 2002; aún así visito año tras año a mi Buenos Aires porque mis grandes amores están aquí.

He visto un Buenos Aires en el que el objetivo de “Va a estar linda…” ha cumplido su cometido, está preciosa, la movida cultural es mucho más extensa de lo que puedo abarcar, los sitios para visitar, el cuidado, los olores, los carteles y hasta los contenedores le dan ese toque que necesita para que los ciudadanos y turistas se sientan en una “Gran Capital”; ahora viene el pero, y es un pero muy grande, y que está antes que cualquier museo, Usina del arte, o lagos con pintorescas sombrillas para tomar sol; y es la salud Mauricio.

Me ha tocado visitar el Hospital Zubizarreta, ya que uno de los motivos de mi visita es la salud de mi madre, la Olguita, una jubilada que se atiende a través de PAMI, y que en lugar de disfrutar de un servicio que pagó durante toda su vida, tiene que padecerlo, luchar contra el sistema, contar con golpes de suerte y del horóscopo a favor de quien la va a atender para darle un turno.

He sido protagonista en una cola que se enrosca como una pitón, en la que el veneno que traga la gente crece a medida que escucha, al tercer paso que avanza, que un empleado tras la ventanilla grita “no hay más turnos para la doctora XXX”, un tósigo que traga y vomita porque desde las cuatro de la mañana  está haciendo picnic en una sala caldosa y rebosante de cucarachas que hace tiempo que son ocupas y nadie las desaloja, y qué decir de los que acampan el día anterior para ser el número uno de una incógnita que no sabe siquiera si resolverá, aún haciendo ese sacrificio. No quiero ser un tango llorón que magnifica una situación como una novela turca, pero la SALUD es lo más importante en la vida de cualquiera.

Me refiero a un sistema, a empleados que necesitan formación en atención al paciente, tratan con personas que no están haciendo cola para ver Stravaganza, son personas que quieren curarse, apaciguar un dolor o controlar su salud, algo que se publicita y se informa, pero cuando quieres hacerlo te encuentras con que es más difícil que hacer el camino de Santiago y mucho menos placentero, cabe destacar. Hablo de prioridades, todos tenemos derecho a la salud, pero ves personas que se trasladan de cualquier parte del país donde tienen su hospital cercano, y así comienza la falta de insumos, de turnos, el mal humor de empleados, la falta de empatía de los médicos porque están quemados, la escasez en la limpieza y las cucarachas.

Ahora estamos en la misma incertidumbre que muchos, no sabemos donde debemos ir, quién nos tiene que atender, cuándo lo van a hacer y mi madre seguirá intentando mantener su sonrisa, yendo de ventanilla en ventanilla para ver quién se apiada de su mancha en el pulmón, porque, en esta hermosa ciudad, en la que siempre decimos “El Argentino es solidario”, de eso dependemos. Yo quisiera depender de un sistema de salud al que vos, Mauricio, le pongas ese toque mágico que le has puesto al resto de la Ciudad. Y esto es URGENTE. En vos confío Gobierno de la Ciudad.

Un pensamiento en “Buenos Aires sonríe, sus hospitales lloran

  1. Hola quería comentarte algo tuve ai mamá internada un mes medio en el hospital Álvarez y te puedo asegurar que no tengo nada que decir es una maravilla desde su personal hasta el cuerpo médico, la gente de limpieza todos, el hospital está limpio sin falta de insumos,ni de personal, con una atención personalizada increíble a la altura de un sanatorio si bien arquitectonicamente no es nuevo al menos es algo decente y encima mamá la atienden por PAMI un beso

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