Las puertas del campo

puertas al campo

Imposible ponerle puertas al campo.

Cuando recién llegué a España, mi intención principal era trabajar al máximo mi integración, me convertí en campo, quité todas las cancelas que las hojas del calendario habían creado, necesitaba renovación, cubitos en el alma y una nueva canción sonando en mi esternón.

Lo digo porque, en repetidas ocasiones, escucho una expresión que al principio, por eso de asentir con la cabeza y nada más, daba como buena, pero solemos ser muy injustos sin querer: —La gente de Castellón es muy cerrada.

Necesito decir esto:
— Amigos y amigas, los cerrados somos nosotros, las puertas nos las imponemos nosotros mismos y si tenemos una llave a mano le damos tres vueltas. El lugar en el mundo es muy dentro nuestro, no es fuera, que te acepten o no te acepten es algo que, cuando deja de preocuparte, encuentras que esa frase que culpa a los demás de tus propias carencias, es estrafalaria y esperpenta.

Mi lilolalolilolalilailoleréeeeelolai es para todos los que desde hace doce años entraron en mi campo y se han convertido en las flores de mi vida, para los que abren ventanas y quitan puertas, para los que no tienen a golpe de labios la palabra problema y para los que están siempre con el paquete de fertilizante en la mano, listos para enriquecer mis hectáreas internas.

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