Hay amor en internet

helado fresas

De pronto apareciste, provocaste la misma reacción sorpresiva que abrir una nevera llena de helados de fresa en una canicular tarde de verano. Mis adentros se llenaron de signos de exclamación y abrí tu correo.

Nunca respondía a esos mensajes porque me daba sensación de despilfarro de minutos, de malgastar pensamientos, de inventar palabras bellas para quien lo único que le importaría sería un posado falso para acreditar belleza exterior, solo eso.

Pero contigo fue tan diferente, tu mensaje tenía palabras claras, sin faltas de ortografía, dedicadas para mi, no eran un copia-pega cómodo y barato. Confieso que miré tu foto, y tu cara medio de perfil, con un ojo más abierto que el otro y a lo “ojo de pez”, me hicieron mover la cabeza con un gesto de “¿Esto puede ser?”.

A los dos minutos estábamos entre caballos alados y arco iris inventados con los tendederos de Nápoles, buscabas cuidarme, protegerme y visitarme, hasta que por fin sucedió.

Mis relatos suelen ser cortos, por lo que me saltaré narrar años de felicidad, de barcos navegando por el mediterráneo, planos de casas con vista al mar, grabaciones mientras dormía, abrazos de toda la noche y gastronomías a las tres de la mañana.

Mi lalolilolálerélolailo es para mi pequeña patatita con ojos de gato, Javier Portalés, y para todos los que buscan y apuestan en la lotería del amor. Pocos llegan al premio, pero la diferencia es que no es cuestión de azar, sino que está en uno llegar a ella.

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