Para los solucionadores

solucionadores

Mi cabeza es un potiche con pelo y lleno de ideas locas, firmes, resueltas, dudosas, amorfas y de las que encajan por donde las pienses.

Tengo una Converse en la península y la otra en un charco de dulce de leche que cada día me engolosina más y me tiene muy pendiente.

En enero vuelvo a mi tierra gaucha, a empacharme con empanadas de soja y vertientes de helado artesanal; a ejecutar mi empírico título de enfermera hija y mimar a la más hermosa de las mammas, la mía. Nada grave, una hernia en el ombligo que yo interpreto como que por fin, cuando la quiten, volverá a mirárselo un poco más, ya que ahora lo descuida por proteger el de los demás.

Comienza mi desafío laboral, mi expansión en un espacio tan mío y tan ajeno, asustada y audaz me encuentro, concretando pasos que de aquí a enero tienen que dejar de ser proyecto, investigo, clico, googleo, consigo y descuelgo. Todo se va convirtiendo de mágico a real, personas idealizadas que existen y dicen SÍ.

Estoy en una paz dibujada por mi para que no me degluta la ansiedad, es una paz feliz y alerta, un momento que vivo en una soledad elegida para no molestar.

Mi lalolilolalereeeelolaaaaaaiiii es definitivo y va dedicado a las personas que solucionan, el resto, ya tendrán su lalolilolá.

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