Piratas del Caribe


yatch

Xavito tiene miedo. Miedo por haber hecho lo justo, miren si es injusto ese miedo. Por suerte parece que aún hay justicia en algunas oportunidades. Ayer presenciamos una.

Llegamos a nuestra playa casi privada, dispuestos a darnos el baño de rigor de las calurosas mañanas benicenses, mi bañador de nadadora que cubre todo lo que no deseo mostrar, zapatillas aptas para pisar los cantorodados de nuestra playa y toallón al hombro. Xavito con short de baño, no recuerdo si era el verde, el rojo o el amarillo, elemento secante sobre sus clavículas y el accesorio a lo Tom Sawyer, sombrero de paja con la copa agrandada que le dá un toque gracioso y no menos hortera a su personalidad. Él va encantado, le gusta parecer turista en medio de lo que ya considera “su tierra”.

Estábamos junto a la orilla, nos dimos el chapuzón de bautismo diario y queríamos llegar nadando al muro donde hay una playita de arena al mejor estilo caribeño donde se ven peces de colores y la gente va con sus gafas de snorkel para curiosear la fauna marina, cuando vimos una lancha a motor apoltronada oronda en medio del espacio que la gente tiene para nadar, destilando combustible impune y vanidosa. Dentro, cuatro personajes que no llamaré peculiares porque rondaban lo vulgar, bacilando su espíritu de ocio, sabiendo que perjudicaban a los demás.

Xavito puso la voz de aura para indicarles al cuarteto que no debían estar en ese sitio anclados y casi con la paella puesta. Yo me sumé y así cada uno de los que se estaban bañando, incluso los niños les pedían que se retiraran. Ellos con un tono burlón y chulesco nos preguntaban si molestaban, a continuación decidieron sacar una sombrilla y los remos, para simular ante cualquier eventualidad que el motor no lo habían utilizado. Un señor mayor, que es nadador habitual de nuestra playa junto a su esposa, se acercó para repetirle, de muy buena manera, que se fueran. La lista de insultos que se llevó el abuelo desde la boca maleducada de los marineros diabólicos es irrepetible y dolorosa, con lo que decidí salir del agua y caminar hasta el socorrista para solicitarle que los sacaran de allí, ya no solo por el peligro y la contaminación, sino por alterar la paz gloriosa que se respira habitualmente.

Ellos vinieron. Uno en moto de agua, otro en un quad, pero los impunes navegantes no aceptaban reglas por las buenas. El abuelo insultado desapareció, estuvimos mucho tiempo con los dedos arrugados dentro del agua esperando que decidieran irse. De pronto, escuchamos el ruido de una lancha poderosa, vimos sus letras verde oscuro con la leyenda GUARDIA CIVIL, es decir, los putos amos, que se detuvieron a 200 metros de la zona bañista y a través de un megáfono soltaron la victoriosa frase:

— Levante la línea de fondeo y salga inmediatamente de ahí.

En ese momento un aplauso unánime surgió desde la playa hacia el mar, emocionante, se olía a justicia. Ellos agarraron los remos y nos hicieron partícipes de la escena más ridícula de la que podían ser protagonistas. Cortes de manga, impotencia, la barca destilaba odio. Seguidamente, la segunda frase inesperada:

— Vamos a proceder a identificarlos.

Vimos como nuestros héroes les pedían todos los papeles habidos y por haber, suponemos que alguna multa les habrá caído.

Xavito y yo, victoriosos, decidimos partir a nuestra casa. Cuando dispusimos nuestros cuerpos en la terraza, vimos como la lancha volvió y nos pareció que llegaban a buscar a un amigo olvidado en la playa, pero no, uno de ellos se había tirado al agua y me dí cuenta que buscaban pendencia, encontrar a algunos de los denunciantes y surtirles alguna trompada macarra para demostrar a las tanguitas que los acompañaban el poder de sus músculos dorados y aceitosos.

Aún, por los pasillos de casa, se huele el miedo de Xavito, el que no pasa un día sin baño marino, está esperando que publique el post para acompañarlo.

— Pero si la playa está vacía Xavito, esas personas ya no pueden hacer más ridículo del que han hecho.

— Sí, pero el blanquito parecía Brutus el de Popeye.

Mi Tom Sawyer creo que irá de tiendas, comprará una gorra discreta y un bañador de slip, se dejará la barba y no se rasurará la cabeza, para hacer un cambio de personalidad inmediato y pasar desapercibido. Pasará de ser Tom Sawyer a ser Tom Hanks en la película el náufrago. Es un cagón, me va a tocar arremangarme y llevarlo de la oreja a la playa, que al fin y al cabo es nuestra, qué joder.

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