¿Adónde se fue la Sanidad Pública?

Sanidad Pública

Todavía recuerdo cuando me compraba ropa interior nueva para ir al médico, cuando me depilaba especialmente y controlaba cada detalle estético para que cuando me tuviera que auscultar, no se encontrara con ninguna peculiaridad que pudiera avergonzarme.
Y ese es el único punto positivo del tema que hoy me inspira a escribir.

He ido al endocrinólogo, hace dos semanas a la médico clínico, y parecen estar funcionando bajo las órdenes de un mismo programador, uno que se olvidó de esquematizar la parte donde el galeno levanta la vista, te mira, te da la mano para saludarte, te toma la tensión y te sube a la báscula (maldita balanza). Nada de eso sucedió, ¿será que hay que cambiar de informático? Hoy en día los veo más funcionarios administrativos que esa emblemática figura que te hacía transpirar esperando un diagnóstico.

Comienza mi inspiración cuando esas señoras mayores, que van con una muñequita de fieltro enganchadas a su bata blanca con un imperdible, te reciben pronunciando de “malagana” tu nombre, mi desilusión se manifestó y empecé a sentir una dejadez profunda en la Sanidad Pública; luego, un joven con bata nívea y bordada con su apellido, al que su cara poco pude ver, ya que un atezado monitor me impedía establecer una comunicación visual con él; me atendió al son de un incesable golpeteo de dedos contra teclas del que finalmente compuse esta canción que os estoy cantando.

Una ocupación absoluta y concentrada, eso sí, en no sé que formulario importante que están obligadísimos a llenar, solo eso parece importarle. Ni una pregunta, ni un detalle de atención.

Entendí por qué era una “Paciente” en ese mismo momento, me quedé mirando mi ecografía, mis análisis, mi recomendación de la doctora que me atendió en Buenos Aires, hasta que decidí guardarlos, repetí el doblez que tenían por segunda vez (ya los había doblado con la médica clínica, que también es buena tecleadora).

– Buenooooo, ¿cómo es tu nombre? – Dice el médico mientras guardaba mi informe en el sobre del paciente anterior.
– Verónica Monetta doctor, ehhhh… ese no es mi sobre…
– Esss, ehhhhh… cómo te llamas? – Me dice la enfermera, la del muñequito de fieltro.
– Verónica Monetta señora.
– Es este el sobre Doctor!!! – Dice muy segura de si misma.
– Ya está todo, fírmame aquí para la punción y lleva esto a planta baja para pedir turno. – Cabe aclarar que yo estaba en la consulta de Huerto Sogueros y la PB a la que se refería era la del Hospital General.

Y así transcurre mi visita al médico, triste, sin caramelo por portarme bien, sin sonrisa, sin bragas nuevas y sin depilar.

Mi lalolilolalolailolerélerélilolai va por todos los que no están bien de salud y que aún siguen esperando una sonrisa sanadora antes que una orden para su próxima analítica.

2 pensamientos en “¿Adónde se fue la Sanidad Pública?

  1. Me siento tan, tan idéntifica por cómo he sido atendida estos días… Esperé durante un año a que me llamaran para ser atendida por un maxilofacial para mirar un quiste que tengo justo en el nacimiento de mi ceja derecha. Tocó y dijo que no tenía pinta de quiste prosiguiendo con un “creo que no es malo, pero podría ser un pequeño tumor”. Pasé por una punción en una ceja hace poco, en el cual el doctor mostró más bordería que empatía. Supo que había cogido poca muestra pero pasó de pincharme una segunda vez alegando que “no te voy a hacer más daño”, con lo insensible que se mostró en todo momento, creo que fue más que no le salió de ahí abajo el extraer una muestra mayor. Los resultados no han sido claros, se ha de quitar un bultito que tengo ahí por no saber qué es, ni si es benigno o maligno. Ellos “creen” (y aquí alzan los brazos en plan “me lavo las manos si erramos”) que es benigno, pero que no lo saben.
    Además, está justo sobre el nervio que se encarga de la sensibilidad de esa pequeña zona de la frente y es bastante probable que quede dañado o que lo tengan que cortar, lo cual quedaría insensible de esa zona de por vida.
    Creo que tuve que preguntar tres veces si tenía que preocuparme si notaba algo (esperando que me dijese: puede ser que sientas tal, tal… esto podría ser o entonces tendrías que venir…), no hubo respuesta.
    Tengo algo que no se qué es, quizá en abril me quedé sin sensibilidad en una pequeña zona de MI frente, y todo esto lo he sabido con una falta de empatía tremenda. Sin tener en cuenta que en la primera visita me visitó un maxilo y en la segunda otro diferente al primero, algo que en vez de darte confianza al llevarte siempre un mismo médico que ha estado desde el principio, te da una desconfianza acojonante.
    Eeeeeeen fin… Nuestra salud importa 0 patatero aunque gracias a la seguridad social que pagamos cada mes ellos tienen su puestecito de trabajo.

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