Cuando María José se convierte en “Mi Pepo”

Hoy, mi amiga Pepo me recibe a las dos en punto, ni antes ni después, en su casa de Castellón, a comer unos Spaghettis carbonara de su propia culinaria.

¿Y por qué lo hago público? Porque es todo un acontecimiento.
Pepo es una mujer extraordinaria, con sentido común, inteligencia emocional y todas las condiciones que tiene que tener una persona para que le vea un perfil de amigo. Pero tiene un fallito de fábrica: no le han puesto el botón de “invitar a casa”. Entonces, cada vez que se ve en una situación límite, es decir, cuando la pongo contra la pared y le apunto con un cuchillo afilado y le pido que me invite a su casa, tiene una reacción que consiste en sudores fríos, ganas de vomitar, de llorar, el cabello le tiembla, tiene una carga eléctrica en el cuerpo, vamos, estática que aunque al almuerzo viniera Newton no le quita el síndrome.
Y hoy es el día, la imagino, pasando el trapito con bicarbonato sobre los faisanes de plata heredados de su tía, el trono impecable y el duchador colgado en su sitio, una velita con aroma de limón encendido, Leo (su hijo canino) con una coleta peinada hacia atrás y el pelito húmedo con aroma a toallita de bebé y Furtivo y Torpedo enloquecidos por la casa porque es difícil controlarlos.
Así y todo, con una casa que te invita a quedarte cuando ves el sofá en L, mullido y cómodo, aún cuando ves el rincón de ladrillo visto que te cubre con tejas terracota, te abraza el calor del sol del mediodía y refleja en los cuadros de Josemesa.es, ella, mi dulce Pepo se sentirá nerviosa y oprimida.
La quiero, ella es una piedra pulida y no lo sabe, se ve como una “piedra bruta”, y en realidad es un mix exquisito de minerales. Ella está lista para ser trabajada y ser convertida tanto en una obra de arte como en el cimiento de un edificio mole.
Con Pepo podría escribir un libro: “La historia de una mariquita que se convertía en cranc”, sería un Best Seller , contaría su bello interior, ese que me ha revelado, el que me emociona y me ha hecho un huequito en una cuna de seda perfumada de su corazón.
Ahora está preocupada, pero recordará nuestra velada de mediodía con una sonrisa de catorce segundos.

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